No hay muerte justa ni muerte injusta, solo existe la muerte como un limite confuso e incompresible de la vida, y esa verdad absoluta nos acompaña a lo largo de todo nuestro recorrido vital.
Quienes nos formamos de manera formal (a los que mas me quiero referir) o de manera informal en la Prevención de Accidentes solemos tener una “visión pesimista” de las acciones que se desarrollan tanto en los ámbitos laborales como en la vida misma, tratando de predecir desde métodos analíticos y desde “el sentido común” (el menos común de los sentidos, como nos gusta admitir) las situaciones que pueden dar lugar a accidentes y de ellos la magnitud del daño que puedan generar para tratar justamente de “re-accionar” para que no acontezcan.
Así aprendimos de Ortega y Gasset que la técnica[1] (en la que nos encanta bucear, atados a corrientes positivistas, “salieris” de las ciencias exactas) “es lo contrario de la adaptación del sujeto al medio, puesto que es la adaptación del medio al sujeto” y esto nos fue llenando de preocupación porque todo, en tanto funciona, esta ligado a la praxis humana, por consiguiente: es susceptible a fallar por naturalezas mas complejas, que involucran no solo lo técnico que tanto nos preocupaba, sino y sobre todo por los aspectos psicosociales, cobrando nuevamente sentido la frase del mismo autor enunciado: “soy yo y mis circunstancias”.
Viene a cuento de todo esto el reciente accidente ocurrido en la localidad bonaerense de Blaquier, en donde perdieron la vida 5 personas en ocasión de ingresar a un espacio confinado. No es de ninguna manera intensión de este texto hacer juicios de valor o interpretaciones en torno a lo ocurrido, pero si poder reflexionar nuestra profesión y donde esta parada socialmente, tan ligados a la Prevención que no nos puede pasar de largo lo sucedido como “unas muertes mas…”
Lo que primero llama la atención y enciende alarmas es que 3 de los 5 fallecidos eran Bomberos Voluntarios; y no se trata de cargar las tintas contra ellos, ni contra el Cuartel ni contra la siempre prestigiosa y loable Institución, me urge volver en cada uno de estos casos al “yo y mis circunstancias” Orteguiano; que cada uno de ellos las han tenido para su accionar sin lugar a dudas; pero lo que llena de preocupación real es que hemos recorrido tanto camino y aun nos sigan sucediendo “las mismas cosas” y de la misma manera.
Ciertamente nos urge seguir trabajando en la Prevención, claro que si, nadie pone en tela de juicio ello; y en la formación de todas y cada una de las personas que desarrollan actividades ligadas al mundo del trabajo y los riesgos, involucrarnos de manera proactiva como profesionales, de manera sistemática desde los sectores como los Colegios que nos nuclean, con conciencia social que posibiliten mejorar esa llegada; ser facticos y dejar de narrar y declamar normativas de estricto orden dogmático, para un Estado elefantiásico que no llega “al ondo bajo fondo” y que se preocupa por cazar en el zoológico, solo exigiendo y realizando controles sobre el empleo formal, haciendo esquiva las recomendaciones para las tareas preventivas y desactivando la mirada al empleo informal que sigue creciendo de manera galopante en nuestro País; y así entonces nos contentamos con tener cientos, miles de normativas, y seguimos angustiándonos con tanta muerte que pudimos prevenir, de alguna manera, de muchas maneras, cada Institución por su lado, de manera aislada.
El sociólogo mendocino Agustín Álvarez (1857-1914) escribió[2] al respecto en 1899: “lo esencial es que las leyes se cumplan siempre del mismo modo, si las piedras fueran duras y blandas por momentos, la gente se cuidaría menos de no caer sobre ellas y habría por ese motivo diez veces mas machucones que ahora. Los hombres acomodan su conducta a una regla mala, pero no pueden acomodarla a una regla incierta. Cuando el castigo es dudoso viene la tentación de arriesgar una falta (…) La Inglaterra tiene las peores leyes y la mejor justicia de la tierra, nosotros tenemos las mejores leyes y casi la peor justicia Es que en esta materia todo depende de la ejecución. En los tribunales ingleses la ley es como la muralla de granito, en los tribunales argentinos es como un alambrado, unos las pasan por debajo y otros por encima”.
Vuelvo al ruedo con la angustia que da la vulnerabilidad, para poner en tensión todo el sistema, desde la formación con la que como profesionales salimos al mundo laboral, que hay que sincerarla y pensarla para la prevención de Accidentes y Enfermedades, sean estas profesionales o no, porque la salud es en definitiva una unidad indivisa que la legislación se encargo de recortarla para tratar de encontrar responsabilidades, de administrar la culpa (o el dolo) para los resarcimientos y las sanciones, dando origen a una Salud Laboral que integra a una Salud mucho más abarcativa, que tiene en cuanta hábitos, formas de vida, muchos aspectos que la ponen en riesgo, que además y al parecer, y me pongo repetitivo, escinde del trabajo informal al que deja suelto, a su libre albedrío de obligaciones y de controles por parte de los estados. Debemos saber que estamos llamados a trabajar en ejes fundamentales como son los escenarios o espacios donde se desarrollan trabajos y actividades relacionadas con ello, y en ser verdaderos “promotores de salud”, a través de nuestro ejemplo, a través de nuestras recomendaciones y controles, de la difusión de nuestros saberes y su retroalimentación con el saber que se obtiene en la interacción con el trabajador y la trabajadora; en la supervisión de las actividades; para que de una vez por todas nuestra actividad sea reconocida y respetada, primero por nosotros mismos en la confianza que nos da saber para que nos formamos, visibilizar en lo simple lo mucho que representa y luego en pos de un cambio cultural que se constituya en paradigma: La Prevención como el camino. Esta muy claro que todo esto hoy es mera utopía, es muy cierto, y que llevaran tiempos y lamentablemente mucha sangre estos procesos de cambios, pero al decir de nuestro santafesino Fernando Birri: “La utopía está en el horizonte”, camino dos pasos, ella se aleja dos pasos, y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar”.
Tenemos por delante mucho camino por recorrer, en estricto honor a todos los que dejaron su vida.
Lic. Walter Albornoz
Pte Colegio de Higiene, Seguridad y Salud Ocupacional. Distrito I
Provincia de Santa Fe
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